Arturo Fernández: “Todos tenemos un destino y al final terminamos siendo lo que menos esperamos”

Nos acaba de dejar un referente de nuestras tablas. Con ese motivo recuperamos el precioso encuentro que tuvimos con el actor en 2014 que nos deja grandes reflexiones sobre lo que era para él el teatro y la vida. Te echaremos de menos como uno de los últimos representantes de una generación de actores que se hicieron grandes gracias a las tablas.
 “Todos tenemos un destino y creo que por mucho que hagas por ser tal o cual cosa, al final terminamos siendo lo que menos nos esperamos”. Cuando era un niño Arturo Fernández no soñaba con ser bombero ni mucho menos actor. Él lo tenía claro: “Yo soñaba despierto y quería ser… multimillonario”. Y admite que algo de ese sueño infantil ha quedado en comedias como “Los hombres no mienten”, en la que transformó al protagonista, en principio un simple jefe de ventas, en el dueño de la fábrica.
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Asalariado por primera vez. Hace 53 años que Arturo Fernández se enroló en el “arturismo”, un género en si mismo. Una serie de funciones, que podríamos encajar en el género de la alta comedia, que ha llevado a cabo desde su propia compañía. Si aceptó la llamada de los Teatros del Canal fue por un motivo muy simple: “Admiro el trabajo de Albert Boadella desde siempre”. Así, comenzó una aventura, Ensayando Don Juan, en la que “La ilusión de mis jóvenes compañeros cada vez que se sube el telón me hace recordar lo feliz que me hace esta profesión”.

Unos versos enmudecidos hasta ahora. Aunque Arturo Fernández siente que ‘debuta’ en el campo del verso, lo cierto es que tuvo una experiencia en los años 50. Estaba haciendo El enfermo imaginario cuando un espectador en León le espetó: “Cállate”. Y el galán por antonomasia de nuestra escena decidió no volver a pisar un escenario acompañado de versos hasta que llegó a sus manos un proyecto tan irrechazable como Ensayando Don Juan.

Si no le paras los pies te quita el personaje”. Destaca del trabajo con Albert Boadella su mímica y su gran oficio como actor. Cuenta que de hecho, se mete tanto en los personajes durante los ensayos que “Hay que recordarle que él es el director y tú el actor”. Se le nota disfrutando de una experiencia con la que por fin de alguna forma concluye esos versos que enmudecieron en sus primeros años como actor.

Arturo Fernández, dentro y fuera del escenario. Admite que “Admiro mucho a los compañeros que se meten en el personaje”. Para el actor de La casa de los líos, los primeros actores repiten una serie de ticks inmediatamente reconocibles para el gran público y cita a intérpretes como Clark Gable para ejemplarizar sus palabras mientras toma un revitalizante trago de Coca Cola antes de acometer la recta final de la entrevista.

Si no hay un diálogo inteligente, no hay teatro”. Para Fernández lo más importante para que funcione una representación es que se cuente con un buen libreto. De hecho, según sus propias palabras, se puede tener a un actor mediocre haciendo una gran obra y conseguir que sea un éxito. Y cuando se consigue labrar un éxito en la comedia, nada más gratificante para él que recibir el agradecimiento de un público con ganas de olvidarse de sus preocupaciones durante un par de horas, viviendo en la ilusión de que podrían vivir otras vidas. Y con la misma ilusión con que se enfrentó a su primera frase en el cine acomete el futuro un intérprete que concluye:

Cuando estrenas una obra unes a tu vida algo bello y nuevo. Salgo al escenario con esa misma ilusión de los comienzos y es que yo amo mi profesión por encima de todo. Nadie disfruta tanto como yo encima de un escenario y creo que eso el público lo sigue percibiendo”.

                                      La autopregunta de Arturo

Y para que no nos olvidemos quizás de su ligazón a la comedia, aunque recuerda con cariño sus experiencias en el drama, remata la entrevista con una autopregunta muy en la línea de ese personaje que se ha creado durante décadas.

P: ¿Por qué soy tan guapo?

R: Aún lo estoy investigando.

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Arturo Fernández y Juanjo Artero, próximos protagonistas en el Palacio de Festivales

Arturo Fernández es el protagonista de Ensayando Don Juan, que se podrá ver este viernes y sábado a las 20:30h en la Sala Pereda del Palacio de Festivales de Cantabria. La propuesta ha sido dirigida por Albert Boadella y cuenta con Mona Martínez, Sara Moraleda, David Boceta, Alfonso Vallejo, Jesús Teyssiere y Chema Ruiz Muñoz en el reparto. Producen los Teatros del Canal y Secuencia 3.

arturitoUna joven y moderna directora se propone montar un Don Juan Tenorio concebido desde una óptica contemporánea. Su empeño es demostrar la caducidad del personaje, pues según sus razones el mito es hoy totalmente ficticio, anacrónico y machista. Ella considera los versos y las situaciones como simples residuos de un mundo desaparecido.

La teoría podría funcionar razonablemente bien, pero en el casting toma una arriesgada decisión: contrata al actor Arturo Fernández para el personaje del comendador Don Gonzalo. A partir de ello, la intrépida directora se enfrentará a una ardua tarea con el fin de mantener su tesis.

Una tarea que se complica considerablemente al intentar realizarla frente al experimentado actor, que va desbaratando con sus acciones cada uno de los principios de la joven directora.

Juanjo Artero y Juanjo Cucalón protagonizan Paradero desconocido los días 25 y 26 de abril a las 20:30h en la Sala Pereda. Completan el reparto Dora de Miguel y Rosa Blanco Campos en una nueva producción de Andrea D’Odorico y dirigida por Laila Ripoll. 

Publicado en 1938 y acogido inmediatamente como una obra maestra, Paradero desconocido, narra la historia de dos amigos y socios en el mercado de obras de arte. Martín Shulse, un alemán y Max Eisenstein, un judío estadounidense que vive en California.

En 1932 Martín decide volver a Alemania con su familia. Desde ese momento surge un intercambio de cartas en las que se vislumbra, entreverados con los detalles de su relación profesional y personal, la sombra de la situación política de Alemania.

Visionaria, incisiva y con un final imprevisible, esta novela constituyó un acontecimiento literario y el más estremecedor mensaje de advertencia contra el nazismo.

pd