Un repaso por la cartelera teatral reciente (I)

Recopilo en esta nueva entrega de Un Madrid sin teatros, Un Madrid sin alma la primera parte de una selección de montajes que he visto en los últimos meses. La mayoría aún siguen en cartel, así que no tenéis escusa para perdéroslos si os interesan mis comentarios. Comienzo este repaso hablando de un montaje al que ya me referí brevemente a su paso por el Teatro Valle Inclán, El viaje a ninguna parte, a través de tres de sus protagonistas, Antonio Gil, Miguel Rellán y Tamar Novas.

“¡Cuán largo me lo fiáis!” debió pensar Carol López cuando le ofrecieron la oportunidad de adaptar la novela (también tuvo su paso por la radio y el cine) del maestro Fernán Gómez. Sobre todo era inevitable la referencia al título cinematográfico, ¿Quién no recuerda el mítico ademán del actor diciendo aquello de “señorito”? Aquí, ese roll cayó en los manos de Miguel Rellán, uno de esos actores que llena de humanidad cada personaje. Entrañable y sumido en un mundo que parece caer ante la llegada del cinematógrafo, ve pasar ante sus ojos una vida de nómada, de vagabundo sin patria, cuyo único refugio son los miserables tablaos que instalan en cada pueblo. Como contrapunto a este entrañable abuelo ya hastiado de la vida de cómico de la legua, un Tamar Novas lleno de matices, adorable, divertido, que sólo se envenena por el teatro cuando va detrás de unas faldas. Como siempre Antonio Gil con el gesto  y la emoción medidas nos vuelve a regalar otro trabajo interpretativo sobresaliente. Y sólo de eso , de sobresaliente, o ¡mejor! de cum laude se puede calificar esta puesta en escena respetuosa con el referente cinematográfico, pero que sabe exprimir a la perfección la imagen, que aún tengo guardada en la retina, de esos cómicos apocados a un viaje a ninguna parte ad eternum. Una pena que no giren, una injusticia, más bien diría. Cuando un teatro de titularidad pública tiene en sus manos la excelencia debería llegar a más gente.

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Una de cal y otra de arena. Decepción en La Abadía. “Por lo que he visto, la propuesta no me interesa mucho la verdad”, me dijo un reputado compañero de las labores periodístico-teatrales cuando le dije que iba a pasar por el teatro de José Luis Gómez. Y la verdad es que a los diez minutos de empezar, corroboré lo acertado de su aseveración. Adaptar Las tres hermanas, hacer una actualización o incluso hacer Las tres hermanas 2, me hubiese parecido una buena opción. Lo que ha conseguido Sanchis Sinisterra, no dudo que a priori hizo su trabajo con la mejor de las intenciones, es cercenar la poesía que invade al texto de Chéjov. Me explico. En su Éramos tres hermanas las actrices parafrasean extractos inconexos de la obra original y, ojo al dato, cantan… Corramos un tupido velo con este último aspecto… O no, pongamos el velo, rejilla o lo que diantres fuera lo que “enclaustra” a estas tres avezadas hermanas en esa casa en la que sienten encerradas y no podrán ir a Moscú ni tampoco podrá el espectador sentir la emoción de estas tres ACTRICES de emoción superlativa que hacen un esfuerzo reseñable por sacar adelante esta, en mi opinión, fallidísima apuesta de la Abadía. El público aplaude a las actrices, pero el trabajo dramatúrgico está hecho para espectadores que hayan leído o visto la obra original, no nos engañemos, si no no se enteran de la obra, así a las claras. Una pena, la verdad.

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No se me ocurre una mejor forma de acabar que con una sonrisa, con una propuesta que hace suyo lo del revisionismo histórico con el recurso más inteligente de que dispone el ser humano: El sentido del humor. Ya la primera vez que la vi, sí en este caso he repetido- lo que es muy poco habitual- oí comentarios similares: “Hay cosas que no se olvidan” comentaba una espectadora de uno 70 años tras pegarse una buena risotada con El manual de la buena esposa que vi, como aquella primera vez en el Lara, con un abarrotado teatro. La clave del éxito del montaje reside en tres aspectos: 1- La brillantez de la mayoría de sketches que componen este montaje sobre la Sección Femenina 2- Unas actrices de gesto, energía y talento superlativos 3- La unidad que hay en el montaje, se nota un trabajo de pulido, que permite que no chirríen las transiciones de una a otra escena-sketche. Todo ello cincelado por Quino Falero, que firma seguramente la mejor dirección de su carrera. Autores tan distintos (y brillantes) como Juan Carlos Rubio, Miguel del Arco o Alfredo Sanzol parecen uno en estas historias que van de Elena Francis al mítico y delirante en la voz de la divertidísima Berta Ojea Échale guindas al pavo. Bravo por ella y por sus compañeras Concha Delgado y Mariola Fuentes, el adalid de la entrega y la energía encima de un escenario. Una comedia inteligente, bien escrita, bien dirigida, bien interpretada y que entusiasma al público, pocas veces salgo del teatro con esa sensación. Bravo. Vayan al Muñoz Seca sin dudarlo un momento.

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