El ‘duende’ de Miguel de Molina en voz y carne de Ángel Ruiz

Lo que se ve en el Teatro Infanta Isabel, es puro ARTE, el “duende” hecho voz y carne en uno de los nombres con mayúsculas de nuestro teatro musical: Ángel Ruiz. Hoy que celebramos 15 años de Stage Entertainment sería interesante recordar que el actor ya brilló con luz propia precisamente en una producción de la gran casa de musicales en este país: Los productores. El actor cuenta y canta las mil y una hazañas de un artista que supo hacerse a si mismo y, sobre todo, ser uno mismo en un tiempo en que ser “rarito” públicamente no era lo más habitual ni mucho menos lo más recomendable. El público interactúa con un actor que sale del brete como mejor sabe: Con mucho ARTE. Hay que tener muchas tablas, mucho OFICIO para acometer a un personaje como Miguel de Molina… Y más si se tiene un público ‘respondón’. Y por supuesto, Ángel entra en el juego y nos hace disfrutar. Disfrutamos de su impecable voz, de su gracejo innegable y, llegado el momento, nos estremecemos ante las confesiones más fuertes de este De Molina- Ruiz. Dirige este íntimo homenaje a una de las grandes figuras de la música española nuestro querido Juan Carlos Rubio, al que es difícil encontrar- esa es la verdad- en un montaje cuyo resultado no roce la excelencia. En este caso no es que la roce, sino que llega a la excelencia este sencillo monólogo musical al que pone música el Maestro César Belda. Vayan a verlo al Infanta o a cualquier punto de la gira. Sólo hay que ver lo que ha ocurrido en el Teatro Arriaga de Bilbao- donde las entradas han ‘volado’- para darse cuenta de que estamos ante uno de los fenómenos teatrales de la temporda. Todo ello nos demuestra que para contar una buena historia sólo se necesita un buen intérprete que sepa acometerla. Bravo Ángel, gracias por una velada inolvidable.

miguel-de-molina-al-desnudo

Sondheim en la frontera…

George y Margaret son una idílica pareja americana. Son felices como en una comedia musical clásica. Bailan al ritmo de las alegres canciones de Gershwin en su maravillosa existencia. Ahora, han dejado atrás a sus vecinos Los Thompsons. Ahora tienen otra clase de vecinos. Están en la frontera para cumplir con su misión: Vigilar a sus vecinos y reflexionar sobre las fronteras. Juan Carlos Rubio firma Arizona, una historia en que el tiempo es circular, una paradoja. Ahora, en plena crisis, los países más desarrollados tienen que huir a países emergentes a buscar un futuro.

La obra del autor de Humo utiliza el recurso del humor como un dardo envenenado, que en este montaje cuenta con la dirección de Ignacio García. Detrás de la risa se esconde una reflexión, eso que solo consiguen los grandes autores. Son actores mexicanos los que interpretan a estos hijos de la Coca Cola y la tarta de arándanos, lo que no hace más que acrecentar esa sensación de que la vida no es más que un círculo, ¿Y si un día fuesen ellos los que vigilasen sus fronteras para que no entrasen en su país hordas de yankees desesperados? Alejandro Calva y Aurora Cano son una aparentemente feliz pareja representativa del american way of life. Viven anestesiados en su particular mundo perfecto. Incluso ella es feliz ahora en mitad de esa calurosa tierra de nadie mientras escucha música alegre, pero de repente algo cambia, un descubrimiento hace que la melodía cambie. Y  pasamos del alegre y colorista musical clásico americano al amargo Sondheim y su desgarrador Send in the clowns, que Rubio utiliza estratégicamente jugando con los resortes del teatro musical. Tornan entonces en personajes amargos, marcados, que salen de su aparente tranquilidad y monotonía, como si de un musical del célebre compositor se tratase. Y de ahí al sorprendente desenlace solo hay un paso.

images

Y Juan Carlos Rubio no se conforma con ser un brillante dramaturgo, sino un gran director de actores como se puede comprobar en La monja alférez. Copa las marquesinas del María Guerrero. En la Sala de la Princesa  Arizona y en la principal La monja alférez. Seamos sinceros, el texto de la monja es espantoso de principio a fin, irrepresentable. La magia la crea Juan Carlos Rubio que firma una puesta en escena luminosa situada en una suerte de barraca de feria. Y para ser la monja no se conforma con un solo actor y acierta. Dani Muriel, que definitivamente ha encontrado su lugar en el teatro, y Ángel Ruiz, esa vis cómica que torna en fuerza escénica cuando es monja alférez es insuperable, son dos de los grandes aciertos de este montaje que se despedirá este domingo del teatro del Centro Dramático Nacional. Repito, el texto es espantoso, pero la impronta de Rubio es tal que merece la pena disfruta de esta puesta en escena.

La monja alferez--644x362