Anabel Alonso: “En esta profesión lo más grande que te pueden decir es que eres una buena cómica”

Una actriz poco conocida entonces empezó a sobresalir en la profesión en la serie Los ladrones van a la oficina. Ya entonces, esta cómica de oficio y convicción, descubrió la grandeza de esta profesión. Y rodeada de José Luis López Vázquez, Fernán Gómez o Agustín González comenzó a ser reconocida en una profesión que la ha llevado a interpretar infinidad de personajes en la pequeña pantalla y en los escenarios de toda España. Ahora es parte de esa oda al amor llamada El eunuco, de gira tras el aplastante éxito en el Festival de Mérida.

La actriz nos atendió sólo unos minutos antes de subir el telón en el Arriaga.
La actriz nos atendió sólo unos minutos antes de subir el telón en el Arriaga.

¿Qué ingredientes tiene El eunuco para que funcione de una forma tan impresionante?

Gran cantidad y calidad del reparto. La gente se va a divertir muchísimo, les va a sorprender. Es una gran fiesta del amor. Madre-Hijo, el correspondido, el no correspondido… En el amor como en la vida hay que arriesgarse, hay que jugársela. Todo ello aderezado con unos números musicales fantásticos.

Y en Mérida vivisteis una fiesta en toda regla con récord de espectadores…

3070 espectadores diarios. Un teatro con 2000 años de historia. Hay una energía mágica. El público está ahí. Es un montaje muy atípico para este festival, una versión muy actualizada con un lenguaje muy cercano. El vestuario y la escenografía es más universal, es atemporal. Es un público especializado y que haya entrado en la propuesta es maravilloso.

¿Cómo han sido los ensayos?

Nos hemos reído mucho además de memorizar y probar cosas. Ha sido un placer ensayar los números musicales. Además, tenemos el cubo que se mueve bastante. Estábamos en un cubo esperando nuestra entrada… Ha sido como una gran fiesta que empezó en los ensayos y continua en las representaciones. Conocía a todos menos a Edu y María. Hemos conseguido un feeling especial con todo el equipo.

Vienes de una experiencia teatral pequeñita, Reglas, usos y costumbres en la sociedad moderna, ¿Te has reencontrado de alguna forma con esa energía de los comienzos, de querer contar ciertas historias sin importar el espacio o la repercusión?

Estoy muy contenta la verdad, ya que hemos entrado en el plan de Cultura Activa del Ayuntamiento de Madrid. Es un proyecto muy especial, muy diferente a lo que he hecho hasta ahora. Es un autor bastante diferente. Darme el gusto de volver a hacer un espectáculo más íntimo en la Bruc eso es lo que me ha permitido este montaje, me acuerdo de mis comienzos en el café teatro. Es cierto que tiene un poco esa energía de los comienzos cuando quieres hacer ciertas cosas y no te preocupas por la repercusión. Simplemente, lo haces por amor al arte. Tiene algo de un rodaje de cine en el sentido de que el público te ve hasta el color de las uñas. Es como una especie de primer plano.

Aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es el mejor lugar para contar historias?

Más allá de las historias que cuentes y de cómo las cuentes, tiene esa cosa maravillosa del aquí y ahora. La función que ven hoy los espectadores no será la misma que verán los de mañana. Nosotros tampoco somos los mismos, hay algo irrepetible. Es vivo, en el teatro nuestro trabajo no se acaba en el estreno, descubres cosas nuevas cada día. Es una manera viva de contar historias que juega con las circunstancias de cada momento. 

¿Cuánto tiene de juego esta profesión?

Con 14 años me entró la vena teatrera por esa parte lúdica que lleva consigo esta profesión. Poder hacer cosas que nunca harías en tu vida. Te abre la cabeza cada vez que preparas un personaje. Ese juego, salir de la convención… Eso me engancha. Me gusta estar haciendo ahora mismo un personaje de ‘mala’ en televisión. Tenemos todos los sentimientos dentro de nosotros, pero en nuestra vida no tenemos la oportunidad de tocar muchas teclas. Y en esta profesión sí lo podemos hacer y eso es maravilloso.

Tu primera gran experiencia televisiva fue en la recordadas Los ladrones van a la oficina junto a maestros como Fernán Gómez y José Luis López Vázquez, ¿Con qué te quedas de aquella experiencia?

Fue una escuela profesional y vital. Compartí tres años de mi vida con ese reparto maravilloso. Me sentía como en una tertulia del Café Gijón. Yo me sentaba y escuchaba a estos maestros que discutían sobre política, de la profesión, de la posguerra… Y a nivel profesional no me cansaba de aprender cada día, me pellizcaba para comprobar que todo aquello no era un sueño. Además del reparto fijo, hicieron papeles episódicos gente como Fernando Rey o Gracita Morales… Con el paso de los años me sorprendo aún más de que eligiesen a una completa desconocida como yo en aquel entonces para compartir escenas con estos actores que son historia de la interpretación en España.

Si te llamo ‘cómica’, ¿Qué te sugiere?

Tuve la suerte de que me acogieran en su círculo. De hecho, pasé muchos fines de año en la casa de Fernando Fernán Gómez. Hacía tertulias y  unos arroces muy ricos. Un día me dijeron: “Eres buena cómica”, y para mi eso es lo máximo que te podían decir. Ni actriz ni intérprete, yo soy ante todo una cómica.

¿Cómo llevas el ritmo frenético de una serie diaria como Amar es para siempre?

Tienes que llevarte las escenas aprendidas. En las semanales tienes tiempo de pasar el texto por ejemplo. En un diario te llevas todo preparado. A la segunda toma tiene que valer. Tiene algo muy bueno al repetir tan pocas veces la secuencia… Sale algo muy vivo, muy orgánico… Estoy estudiando mucho. Me hice 8 secuencias, 26 páginas, en un día de rodaje. Es una manera de hacer que me está haciendo más disciplinada como actriz.

¿Con qué tipo de historias le gustaría seguir en esta profesión a Anabel Alonso?

Después de 25 años es la primera vez que canto en un escenario y que hago un personaje de mala como la Benigna de Amar es para siempre. Son muchas primeras veces de golpe. Eso es lo maravilloso de esta profesión. Nunca dejas de aprender.

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El mayor éxito del Festival de Mérida, “El eunuco”, hace parada en el Arriaga

Tras conseguir una cifra de verdadero récord en el Festival de Mérida, 15.420 espectadores, El eunuco estará en el Teatro Arriaga de Bilbao del 17 al 21 de septiembre con un reparto de caras muy conocidas encabezado por Pepón Nieto, Antonio Pagudo, Anabel Alonso, Alejo Sauras y Jorge Calvo.

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Reconocida en la cita emeritense con el Premio Juventud para María Ordóñez y con el Premio del Público, llega a Bilbao esta disparatada comedia de Terencio, que han versionado Jordi Sánchez y Pep Anton Gómez, también director de la función. En el reparto también destacan Marta Fernández Muro,  Jordi Vidal y Eduardo Mayo.

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Imagínate en Atenas. Un joven fogoso con las hormonas alborotadas. Se enamora de una esclava. La esclava, lo es de una cortesana. La cortesana tiene un amante. El amante es el hermano mayor del joven fogoso, que quiere hacerle un regalo. A la cortesana. Por eso, le compra un eunuco. Pero aún no se lo ha dado. El joven se entera. De lo del regalo, de lo del eunuco. Y, como acceder a la casa de la cortesana para poder enamorar a la esclava, tarea fácil no es, decide suplantarlo, reemplazarlo. Al eunuco, ¿Te lo imaginas? Imagínatelo. Y, a todo eso, ahora añádele un criado que no quiere, y una criada que no se entera, y un soldadete enamorado de un generalete, y un generalete que no sabe, que duda, que si carne que si pescado, y un cilindro, –bueno, no, un cilindro no. Un hombre, pobre, que así se llama, Cilindro–, y pasillos, súmale muchos pasillos, ¿Lo tienes?… ¡Bien!… Pues, si llegados a este punto, aún no tienes la cabeza hecha un lío, ahí va el acertijo: Todo esto, junto… ¿qué es?… Va, te damos una pista… Drama, no es. Solución: El eunuco, de Terencio. Esta vez en una versión divertida, trepidante y felizmente libre de Jordi Sánchez y Pep Anton Gómez. Nueve personajes enloquecidos por el amor, el dinero, la pasión, el orgullo, los celos y los equívocos (¡tantos equívocos!). Nueve personajes, sí. Y otras tantas historias que se entrecruzan en un montaje que transita sin rubor por el teatro clásico grecolatino y el musical, la comedia de situación y el vaudeville. Nueve personajes, otras tantas historias y un ritmo endiablado en lo que pretende ser y será toda una fiesta de principio a fin.

Pep Anton Gómez

Los Ceres, la gran noche del teatro español

Tercera edición de los Premios Ceres, organizados por el Festival de Teatro Clásico de Mérida y ya se han convertido en todo un referente. Lo primero que puedo decir es que estoy de acuerdo con el palmarés de este año de lleno, cosa poca habitual por otra parte. Creo que algo tiene que ver  que el jurado esté integrado por los profesionales de los medios de comunicación que día a día dedican sus esfuerzos a que el teatro encuentre su lugar como Marcos Ordóñez, Juan Ignacio García Garzón, Daniel Galindo, Machús Osinaga y Liz Perales entre otros. Si además, se consigue una gala en la que de verdad el teatro es el protagonista, pues miel sobre hojuelas. Anoche, sobre las piedras de Mérida resonaron las voces de los autores clásicos y ¡De qué manera! en voz y carne de actores como una deslumbrante Carmen Machi, a la sazón diosa Ceres, la gran protagonista de la noche. También sonaron las voces de Miguel Poveda y Ana Belén, los artistas favoritos de la homenajeada de la noche, Concha Velasco que agradeció a Jesús Cimarro la recuperación de la grandeza del festival: “A través de ti hemos recuperado algo que habíamos perdido. Gracias y felicidades”. Fue la propia actriz la que pidió directamente al productor pisar Mérida con Hécuba: “Siempre quise ser actriz, vivir otras vidas y he llamado a las puertas de muchos productores”. La actriz, con energías renovadas, mira hacia el futuro con ilusión con esa Olivia y Eugenio que la llevará de nuevo a las tablas. El otro homenajeado de la noche fue Andrea D’Odorico con uno de los discursos más reivindicativos en el que defendió que una sociedad en la que “las administraciones apoyan aeropuertos sin aviones, el teatro debería recobrar su lugar”. Una pequeña representación kamikaze citó a Lorca: “El teatro es un barómetro que marca la grandeza o el descenso de un país”. Misántropo ha sido el mejor espectáculo de la temporada. El mejor actor, Lluís Homar admitió que lloró un poquito cuando recibió la noticia de este premio: “El viaje de esta obra ha sido maravilloso y ha sido muy rico a nivel profesional y personal”. Magüi Mira, premiada como mejor directora, reivindicó que desde el teatro se contasen historias de hoy. Fueron premiados también profesionales como Jordi Galcerán y Kiti Mánver en una noche en la que el mapping volvió a asombrar al público asistente. Pepón Nieto reivindicó al recoger el Premio del Público para El eunuco un teatro hecho para el público. Precisamente ese gran éxito del festival tendrá un largo recorrido por toda España. Ha sido una gran noche para el teatro que sirve como balance de la temporada pasada y como pistoletazo de salida a un nuevo curso teatral que seguirá emocionándonos con nuevas historias.

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