Milagro en casa de los Smith

Nuestro país tiene poca memoria. En un país con un poquito de cordura se recordaría más a Don Miguel Mihura, el comediógrafo más moderno de su época. Por eso, supone un feliz acontecimiento ver un estreno de una rareza del autor de Maribel y la extraña familia: Milagro en casa de los López. Rareza para un autor apuntado al éxito que vio como con este título, desterrado en un cajón desde su estreno, no consiguió repetir la fórmula del éxito. Pueden consultar la crítica del estreno para ver cómo fue la reacción en su día a este ejemplo de teatro del absurdo, tan adelantado a su tiempo como nos tenía adelantado el dramaturgo, que vio como el éxito de Ninette y un señor de Murcia– que por cierto volverá a la cartelera muy pronto como os avanzaremos en nuestro Un avance al teatro que viene– quitó brilló a esta pieza que cojeaba en un final que el propio dramaturgo tildó de mal resuelto.

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Manuel Gancedo, director y adaptador, y Juan Antonio Molina, productor y actor,  han decidido desempolvar y pulir uno de los escasos fracasos de Mihura. El resultado, lleno de carcajadas, se puede disfrutar al aire libre, en el Teatro Galileo. Nuestros protagonistas, una especie de trasunto ibérico de los Señores Smith de La Cantante Calva, viven encerrados en su lujosa casa por un motivo que no podemos adelantar y total, ¿Qué va a haber allí fuera mejor que el lujo en el que viven sumergidos? Allí tienen sus rutinas. Ven la tele -ojo a la frase de Mihura: “Para saber hasta qué punto un país es tonto, basta ver su televisión”-, van al jardín a hacer sus ejercicios, toman su cocktail… Tienen una vida rutinaria en la que cualquier imprevisto puede hacer enfadar a este matrimonio. El comienzo, y el primer acto completo, recuerda y mucho a La Cantante Calva, ¿Mihura genio de la taquilla y del teatro del absurdo? Pues sí, era capaz de hacer comedias con un ojo en la taquilla y, a la vez, ofrecer un producto de calidad escénica irreprochable. Y el primer acto de esta comedia- me atrevo a decir- que está entre lo mejor del autor. Para que las situaciones, para que todo fluya, tiene que haber un reparto que se tome en serio la historia, como ocurre en el absurdo. Y eso se nota mucho. Se nota la fe ciega de Manuel Gancedo que ha hecho un trabajo de dirección preciso, sin ahondar en subrayamientos excesivos de las ‘gracias’ del texto de Don Miguel Mihura. Sin un reparto con destacados cómicos, con destacados actores que defienden la comedia con uñas y dientes como son Nuria González, Carlos Chamarro, Juan Antonio Molina, Elisa Lledó, Nacho del Valle y Ana Mayo no serviría de nada ese afán del director y adaptador. Volvamos al texto. Esa rutina se ve alterada por la llegada de un par de huéspedes justo después de mencionar que estaría bien recibir a gente en la casa, ¿Milagro? Siguen las similitudes con La Cantante Calva en efecto. En la obra de Ionesco la llegada de una pareja también rompe la rutina de la pareja más british del teatro contemporáneo. Y tanto en aquella como en ésta, la sirvienta lleva la voz ‘cantante’ en buena parte de la función. Y bueno, en la de Mihura no hay cantante calva ausente, pero sí se menciona a un taxista que nunca aparece…

Juan Antonio Molina interpreta al Mayordomo.
Juan Antonio Molina interpreta al Mayordomo.

En el segundo acto, en el que ha trabajado especialmente Gancedo, sigue el enredo hasta un final muy diferente al que perpetró el genio de La Codorniz, pero que funciona de una forma contundente y directa por su actualidad ante un público que aplaude con fervor las palabras de Mihura. Un Miura muy particular es el público en un espacio al aire libre, pero esta entregada compañía lo sabe sortear con acierto. Seguro que pronto se podrá ver en los teatros de toda España, nos encantaría, no se debería quedar en una formidable función de una noche de verano.

¡Qué alegría, Don Miguel está de vuelta en la cartelera!

La criada, Elisa Lledo.
La criada, Elisa Lledó.

Cuando las luces se apagan…

images (1)Cuando las luces se apagan y el escenario se ilumina, el espectador espera vivir una aventura, que le cuenten una historia que le haga viajar gracias al poder de su imaginación. Muchas veces se puede llevar un chasco, pero cuando surge la magia es algo inolvidable, algo que te llega muy hondo y que solo el teatro gracias a sus recursos de arte vivo puede conseguir.

Sergio Peris Mencheta se tiró a la piscina con doble tirabuzón y posibilidad infinita de estrellarse en un acercamiento a una de las obras maestras de Shakespeare, La tempestad. Aquí torna en una Tempestad muy personal y esa es la clave del éxito del espectáculo que ahora se puede ver en el Teatro Galileo hasta el 2 de junio . Tempestad se encuadra en el ensayo de una nueva producción de la obra del autor bardo. Sí, es puro teatro. Los actores paran la representación cuando ven que les han cambiado el pie o cuando están excesivos en algunos pasajes. La versión va a la esencia del texto, coge aquellos elementos y aquellas partes del texto que cree que son esenciales para contar este cuento. En realidad, todo es un juego. El teatro es un juego, donde los espectadores pagan para ser engañados en un pacto previo que haces al pasar por taquilla. Los actores juegan a ser otros y aquí todos los actores interpretan varios papeles, subrayando ante el público este hecho, y nos resulta más creíble que en otros montajes con una veintena de actores. Se crea la magia. Se acepta el pacto espectador-actor y nos creemos en mitad de la tempestad, ¡Qué belleza de imagen se ha creado para recrear tal momento inicial del montaje! Tras un montaje de mujeres, Incrementum, Peris Mencheta se enfrentó a un montaje de hombres. Sí, como en la época del autor de Hamlet, es un hombre el que toma el roll femenino. Y de nuevo, la sensación de ser parte de un maravilloso juego infantil, ¿Quién no ha soñado alguna vez con surcar el mar en un barco y vivir una y mil aventuras? Por supuesto, sin un trabajo interpretativo colosal no sería posible conseguir la magia, que el espectador entrase en este juego de convenciones teatrales. Del excelente reparto de 8 intérpretes que interpretan  la friolera de casi veinte personajes, me quedo con el  trabajo superlativo de Victor Duplá y Javier Tolosa. El esclavo deforme de Javier Tolosa, mitad fragilidad mitad irracionalidad, es una de las mejores construcciones de personaje de la función, solo hay que ver las transiciones entre este Calibán y  el ‘racional’ Alonso. Qué decir del Próspero y Antonio de Victor Duplá. Difícil adjetivar su extraordinario trabajo.

Y las luces se encienden al final del cuento, pero la sensación de haber sido parte de una experiencia tan emocionante permanecerá en el imaginario colectivo de los afortunados espectadores…

"Feelgood" y "Que nadie se mueva", humor indignado

579850_140653219441299_292352886_nFeelgood bebe del Mamet más ácido y corrosivo, del más políticamente incorrecto. Jorge Bosch es un político al que es inevitable encontrar similitudes con el presidente de Noviembre y el guionista que contratan para escribir los discursos recuerda  inevitablemente a la figura  del productor en Cortina de humo. Fran Perea firma el que sin duda es su mejor trabajo. Con una entereza y un aplomo impresionantes dota a su personaje de una fuerza que derrocha verdad en escena. Tiene enfrente a un grande como Jorge Bosch, impecable como de costumbre en esta suerte de politicastro xenófobo y egoísta, ¿les suena de algo? Nos sobran ejemplos en la realidad. De nuevo y es la segunda que lo hago en una semana tengo que hablar de Jorge Usón, un camaleónico actor con una vis cómica innegable. Con cada palabra, el público se ríe a pierna suelta.

480977_140750629431558_1070124639_nFeelgood tiene unos personajes masculinos que se llevan la complicidad del público. Los femeninos resultan ser un tanto planos, cercanos a la mera comparsa. Ellos son los protagonistas, los que nos hacen “sentir bien” a pesar de la basura de la que estamos rodeados en la actualidad. El libreto es espléndido con un humor sangrantemente ácido y un ritmo que va in crescendo, hasta llegar a la locura final con discurso del Gran Pastor virtual incluido, ¡Hasta en pantalla es grande el actor que le interpreta! Esta nueva producción de Off  Producciones bajo la dirección de Alberto Castrillo- Ferrer refresca el Matadero, hacía tenía que no veía una respuesta tan inteligentemente entusiasta del público, por algo será.

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La otra propuesta teatral que toca con humor la realidad actual es Que nadie se mueva, una suerte de comedia ácida que recoge la esencia de los comienzos del televisivo Vaya semanita de sus comienzos, el que dio a conocer a Gorka Otxoa o Óscar Terol.  Una imponente Guardia Civil,  un Policía Nacional, un  Ertzaintza y un Mosso se encuentran en la investigación del asesinato de un misterioso personaje del que sale ¡sangre azul! La pregunta está en el aire, ¿Será el monarca? A partir de esta sencilla y delirante premisa dramática se ponen en escena una serie de divertidísimos tópicos sobre vascos, catalanes y españoles en general con una traca final reivindicativa que es la guinda final a una tarde de comedia. Desde el comienzo en que te sientas en la butaca no paras de reír y eso te refresca cuerpo y mente y más si tienes a cuatros cómicos formidables delante: Carles Cuevas, María Rayo, Sergio Lombardía y Jon Hernández. Están solo hasta el domingo 14 en el Galileo.

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