Compositores a escena

Coinciden en cartel tres espectáculos de teatro musical en Madrid con compositores españoles, lo que nos da una buena muestra del buen momento del género en nuestro país. En este reportaje ponemos en valor el trabajo de los compositores que dan magia a nuestros escenarios ejemplarizados en Ricardo Llorca, Iván Macías y Jaume Carerras.

RICARDO LLORCA

Inspirado por la música y las tradiciones de las bandas de su Comunidad Valenciana natal, Ricardo Llorca se dio cuenta de que la composición era lo suyo cuando vino a Madrid. Allí descubrió mientras daba clases con una profesora de piano que lo que realmente le gustaba no era tocar música de otros, sino más bien tocar “música propia”. En plena Movida, estudiaba en el Conservatorio donde un profesor le dijo que lo que tocaba en el Rockolla “no era música de verdad”. Era el momento de dar carpetazo a la capital española y poner rumbo a Nueva York.

Era el año 1988 cuando llegó a la ciudad que nunca duerme. En contraste con Madrid donde las cosas estaban muy difíciles para los compositores que se quisieran salir de la línea establecida, se encontró un lugar abierto a todos los estilos musicales. Estaba claro que el artista había encontrado su lugar en el mundo, donde además de componer ha realizado una intensa actividad docente.

Y de repente Mihura vuelve a su cabeza. Fue su representante en Nueva York la que le dijo que sería una buena idea musicalizar una obra del absurdo español. Así, se puso manos a la obra y pensó en obras como El Baile de Neville, pero las dificultades que pusieron los herederos para convertir en ópera La vida en un hilo le hicieron desistir en el intento de ponerse en contacto con ellos. Del genial Jardiel se encontró muchas dificultades en darle vida musical por ser “un tanto barroco con muchas ideas a la vez”. Y de repente tras leer la obra Ni pobre ni rico sino todo lo contrario cayó en la cuenta de toda la musicalidad que se escondía tras las palabras de Miguel Mihura. Así, recordó de golpe todas las tardes de teatro que disfrutó con su familia cuando era solo un niño en Madrid. Entre los títulos que destacaban en aquella época uno de ellos era Tres sombreros de copa. Al revisar este título y ponerse en contacto con sus herederos admite que fue fácil conseguir los derechos: “Mariló Mihura ha sido encantadora”.

Ricardo Llorca (tercero en la foto) durante la presentación de Tres Sombreros de Copa

Las bandas de música, inspiración musical para sus Tres Sombreros de Copa. El compositor lo tiene claro: “Esta obra es un homenaje a la música de las bandas”. Tal es así que este alicantino por casualidad -en aquella época su localidad, Benidorm, no tenía Hospital- viajó al sur de Italia para conocer un poco más esta tradición que entroncaba tanto con sus orígenes valencianos. Allí encontró “unas nanas napolitanos del siglo XVII que usé como base para esta obra”. Y es que el compositor admite: “Todo es plagio. La música de todos los compositores se basa en otras músicas. Lo que pasa es que de esa música tú creas tu propia composición”. Y en ese momento nos enumera varios ejemplos como el de La Petrushka de Stravinsky. En realidad es un cuplé que le dedicaron a Sarah Bernhardt. El compositor lo rehizo y “lo convirtió en la obra de arte que conocemos ahora”.

Un estreno europeo. Como ocurre con muchos compositores españoles, no se puede decir que sea profeta en su tierra. Es por eso que el artista quiere recalcar el interés de esta obra como “una forma de enseñar al público lo que se está haciendo en otros países”. En el escenario del Teatro de la Zarzuela veremos la esencia de la obra de Mihura, pero adaptada a la forma de narrar que tienen los estilos del teatro musical. Así, ha resultado imprescindible para su adaptación a la zarzuela eliminar el segundo acto por la gran proliferación de personajes, pero del primer y el tercer acto se han respetado todos los diálogos hablados. Sin duda, el humor de Mihura estará sabiamente conjugado con la música de Llorca en este espectáculo que estará en cartel en el Teatro de la Zarzuela desde hoy y solo hasta el 29 de noviembre.

JAUME CARRERAS

Cuando Jaume Carreras tenía 8 años, su abuelo -que vivía en la casa contigua a la suya- compró un órgano de dos pisos: “A mí me fascinaba ese instrumento e iba cada día a su casa para intentar sacarle sonidos, tenía tantas combinaciones que me tiraba horas con él”. Así, empezó a esbozar melodías que “para mí tenían sentido”. Por aquel tiempo en su colegio había un piano y compuso con el para la clase de música el primer tema junto a un compañero que tocaba la guitarra. Muchos años después, con ese amigo formó un grupo de rock sinfónico.

Esa primera vez con Los Miserables. El inolvidable musical basado en la novela de Víctor Hugo tuvo mucho que ver en su interés por los musicales: “Me encargaron los arreglos para una versión y sin saber muy bien donde me metía, lo hice y me enamoré de este arte hasta hoy”. Un género que disfruta mucho más trabajando en él incluso que como espectador, aunque admite que ha visto muchos como ese Passion con el que vibró hace 25 años en Nueva York. Desde entonces, Stephen Sondheim ha sido un referente claro: “Por la forma en la que entiende la dramaturgia musical y cómo modula la palabra con la música”. En las composiciones de Carrras también han influido referentes musicales tan dispares como Handel y Beethoven, Puccini y Bellini, Max Richter y Johan Johannsson, o Queen y Brian Eno. De ahí que en cada uno de sus temas, pretenda saltar lo que el público está esperando como lógico. Nos ejemplariza de la siguiente manera: “Imagina que tienes una serie numérica 2, 4, 6, 8. Sabes que el siguiente número va a ser el 10. Entonces yo pongo un 21, un número improbable que rompe la serie. Quien aprecia la música espera ese número raro, esa nota que no debería estar ahí y que lo cambia todo. Entonces el oyente siente algo que no sabe explicar, pero que le proporciona placer. Eso se llama arte. Lo demás es plagio”.

Nuestro Alan Menken ibérico. Durante su carrera, el artista ha llevado a escena algunos de los títulos más emblemáticos de la literatura infantil y juvenil. Suyas son las partituras de musicales como Caperucita Roja, uno de los grandes éxitos recientes del Teatro Sanpol al que se suma desde el 23 de noviembre también Heidi. Quizás la clave del éxito de Carreras en el campo del teatro musical familiar es cómo se enfrenta a esta tarea sin tener en cuenta al tipo de público que va dirigido: “La única premisa que tengo al componer es que cuando lo estoy haciendo me tiene que emocionar a mí. Cuando sucede, cuando noto que algo resuena en mi cuerpo, sé que estoy contando la verdad, y sé que el público se va a emocionar conmigo. Es un momento mágico”. Sin duda, uno de sus referentes iniciales, Alan Menken, han influido en sus trabajos en el campo de los musicales familiares con esas melodías inolvidables con las que hemos crecido varias generaciones.

Heidi, el musical, un reto monumental. Cuando se puso manos a la obra en la adaptación junto con Julio Jaime Fischtell, autor del libreto y cofundador del Sanpol, se enfrentó a una novela mucho más introspectiva e intensa de lo que esperaban teniendo en cuenta que el espectáculo iba dirigido al público familiar. Para el compositor, la clave para que su música fluyese estuvo en “el texto maravilloso que escribió Julio”. Entonces tuvo claro que: “Las canciones debían ser la dramaturgia misma”. De esta forma, consiguió que de alguna forma: “Las palabras que salían del texto me fueran mostrando el camino. Era como si los personajes me hablaran a mí, y yo solo debía traducir a música lo que estos me estaban transmitiendo”. Todo ello le volvió a corroborar que: “Cuando escribo música no me paro a pensar, no es para nada un trabajo intelectual, sino instintivo”.

Un momento de los primeros ensayos de Heidi, el musical

Para este musical intentó captar lo que los personajes sentían teniendo en cuenta que: “En el universo de Heidi no existe el bien y el mal, solo existen los motivos que impulsan a los personajes a hacer lo que hacen. Me centré en esos motivos sin olvidarme de las montañas donde todo es sublime y grandioso”. Ya en el segundo acto del espectáculo, en un espacio cerrado, intentó trasladar el espíritu de Heidi a su música: “Heidi transforma su entorno y con la música procuré evolucionar con ella”. Sin duda, este espectáculo de teatro musical, que estará del 23 de noviembre de 2019 al 4 de enero del 2020 en el Teatro Sanpol, tiene los elementos imprescindibles para convertirse en el más emocionante y mágico montaje de estas Navidades.

IVÁN MACÍAS

Iván Macías aprendió a leer música a la vez que el texto. Culpa de ello la tuvieron sus padres, músicos de profesión. Y así, como una evolución natural tras empezar a tocar el piano hizo sus primeras piezas musicales hasta que llegó ese gran reto que fue su primer musical: Germinal. Poco después llegaría El médico que, tras una versión sinfónica, llegó al escenario del Nuevo Apolo hace más de un año. Así, con este espectáculo pretendió “contar un viaje de las tres culturas en la Edad Media”.

En busca de la emoción. Uno de los mayores retos a la hora de poner en pie este ‘titánico’ proyecto fue dar vida a los pasajes más esenciales de la novela. Para ello, consultó a muchos lectores de la novela que le contaron cuáles eran sus momentos estrella. La clave estaba en “buscar dónde te emociona y transformarlo en música”. Todo ello llevó al mismísimo Noah Gordon a afirmar que estaba escuchando su libro. Así, cuando Macías le tocaba algún pasaje musical el autor era capaz de identificar a qué parte de su novela pertenecía.

“Este musical está más cerca del lenguaje cinematográfico”. Para Macías, era importante que el espectador tuviera la sensación de que estaba viendo una película. Para ello: “Usé muchos recursos del cine”. Todo un reto para este compositor que admite que afortunadamente hay una gran cantera de compositores en España. Para la partitura de El médico es inevitable, como con cualquier composición, encontrar alguna “inspiración arrebatadora”. Por ejemplo el Aria del Sha sin duda lleva a su admirado Puccini. De alguna forma el aroma de este compositor está en esa pieza, sin por supuesto ser un plagio.

Macías es el único compositor que dirige a la orquesta de su musical

Un antes y un después en nuestro musical. Sin duda, El Médico ha sentado un precedente en nuestras tablas. Y es que no es habitual que una producción 100% española pueda competir de tú a tú con las grandes franquicias internacionales que llenan de magia la Gran Vía madrileña. De alguna forma: “El médico ha quitado prejuicios y miedos”. Y tras este gran musical, que cuenta con grabación en CD, ya se avecina otro: Los Pilares de la Tierra. Macías nos avanza que: “La gente va a flipar, es muy diferente a El médico, va a ver cómo se construye la catedral en directo con una potencia visual muy impactante”. Mientras eso ocurre podemos seguir disfrutando de El Médico un par de meses más en Madrid antes de su desembarco en Barcelona y su posterior gira.

Milagro en casa de los Smith

Nuestro país tiene poca memoria. En un país con un poquito de cordura se recordaría más a Don Miguel Mihura, el comediógrafo más moderno de su época. Por eso, supone un feliz acontecimiento ver un estreno de una rareza del autor de Maribel y la extraña familia: Milagro en casa de los López. Rareza para un autor apuntado al éxito que vio como con este título, desterrado en un cajón desde su estreno, no consiguió repetir la fórmula del éxito. Pueden consultar la crítica del estreno para ver cómo fue la reacción en su día a este ejemplo de teatro del absurdo, tan adelantado a su tiempo como nos tenía adelantado el dramaturgo, que vio como el éxito de Ninette y un señor de Murcia– que por cierto volverá a la cartelera muy pronto como os avanzaremos en nuestro Un avance al teatro que viene– quitó brilló a esta pieza que cojeaba en un final que el propio dramaturgo tildó de mal resuelto.

LosLopez (75) sin linea

Manuel Gancedo, director y adaptador, y Juan Antonio Molina, productor y actor,  han decidido desempolvar y pulir uno de los escasos fracasos de Mihura. El resultado, lleno de carcajadas, se puede disfrutar al aire libre, en el Teatro Galileo. Nuestros protagonistas, una especie de trasunto ibérico de los Señores Smith de La Cantante Calva, viven encerrados en su lujosa casa por un motivo que no podemos adelantar y total, ¿Qué va a haber allí fuera mejor que el lujo en el que viven sumergidos? Allí tienen sus rutinas. Ven la tele -ojo a la frase de Mihura: “Para saber hasta qué punto un país es tonto, basta ver su televisión”-, van al jardín a hacer sus ejercicios, toman su cocktail… Tienen una vida rutinaria en la que cualquier imprevisto puede hacer enfadar a este matrimonio. El comienzo, y el primer acto completo, recuerda y mucho a La Cantante Calva, ¿Mihura genio de la taquilla y del teatro del absurdo? Pues sí, era capaz de hacer comedias con un ojo en la taquilla y, a la vez, ofrecer un producto de calidad escénica irreprochable. Y el primer acto de esta comedia- me atrevo a decir- que está entre lo mejor del autor. Para que las situaciones, para que todo fluya, tiene que haber un reparto que se tome en serio la historia, como ocurre en el absurdo. Y eso se nota mucho. Se nota la fe ciega de Manuel Gancedo que ha hecho un trabajo de dirección preciso, sin ahondar en subrayamientos excesivos de las ‘gracias’ del texto de Don Miguel Mihura. Sin un reparto con destacados cómicos, con destacados actores que defienden la comedia con uñas y dientes como son Nuria González, Carlos Chamarro, Juan Antonio Molina, Elisa Lledó, Nacho del Valle y Ana Mayo no serviría de nada ese afán del director y adaptador. Volvamos al texto. Esa rutina se ve alterada por la llegada de un par de huéspedes justo después de mencionar que estaría bien recibir a gente en la casa, ¿Milagro? Siguen las similitudes con La Cantante Calva en efecto. En la obra de Ionesco la llegada de una pareja también rompe la rutina de la pareja más british del teatro contemporáneo. Y tanto en aquella como en ésta, la sirvienta lleva la voz ‘cantante’ en buena parte de la función. Y bueno, en la de Mihura no hay cantante calva ausente, pero sí se menciona a un taxista que nunca aparece…

Juan Antonio Molina interpreta al Mayordomo.
Juan Antonio Molina interpreta al Mayordomo.

En el segundo acto, en el que ha trabajado especialmente Gancedo, sigue el enredo hasta un final muy diferente al que perpetró el genio de La Codorniz, pero que funciona de una forma contundente y directa por su actualidad ante un público que aplaude con fervor las palabras de Mihura. Un Miura muy particular es el público en un espacio al aire libre, pero esta entregada compañía lo sabe sortear con acierto. Seguro que pronto se podrá ver en los teatros de toda España, nos encantaría, no se debería quedar en una formidable función de una noche de verano.

¡Qué alegría, Don Miguel está de vuelta en la cartelera!

La criada, Elisa Lledo.
La criada, Elisa Lledó.

Notas desde la Menéndez Pelayo: Julia Gutiérrez Caba, una gran Cómica de la Lengua

Julia Gutiérrez Caba: “Cuando sales y desgastas tu primer zapato en el escenario ya es imposible dejar este oficio”

Julia Gutiérrez Caba es un torrente de recuerdos. Historia viva de nuestra escena. Por su memoria pasan Miguel Mihura, Alberto Closas o José Luis Alonso. En el Teatro de la Abadía, donde se ha reencontrado con las tablas en los últimos meses, confiesa que con esta nueva experiencia escénica se ha sentido “aprendiendo de nuevo”. Se refiere a su acercamiento a los textos de Teresa de Ávila, que ha dirigido José Luis Gómez. Ella es la madrina de lujo de una década DESDE MI BUTACA. Siéntense en sus butacas, la función de hoy contará con una excepcional Primera Actriz: Julia Gutiérrez Caba. Hoy la actriz inaugurará el ciclo Cómicos de la Lengua en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, cuyo actividad miraremos con lupa un año más en estas Notas desde la Menéndez Pelayo. La cita con los textos de Santa Teresa será a las 20h en el  Paraninfo de Las Llamas.

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Teresa, una mujer adelantada a su tiempo. Julia llevaba una larga temporada sin pisar un escenario: “No puedo aguantar la dinámica del teatro a mi edad”. Una llamada de José Luis Gómez la hizo cambiar de parecer. Tras muchos años acariciando la idea de que Gómez la dirigiese, Teresa de Ávila ha sido la escusa perfecta para que, por fin, se produjese el milagro. De la Santa, Julia destaca que fue una mujer muy adelantada a su tiempo: “Era combativa, tenaz, trabajadora…”. Ella sabía leer en un tiempo en que las mujeres tenían un papel muy secundario. Además, se interesó por la figura de Teresa por todo lo que ha supuesto para la lengua: “Se siguen utilizando muchas palabras que usaba ella, pero con otro sentido”. Y de repente, recuerda que la estancia en la que estamos fue donde se produjo la primera lectura de estos textos: “Estoy feliz de poder seguir aprendiendo, eso es lo que le dije a José Luis y al académico cuando pasamos el texto por primera vez”.

Irene Escolar, sigue la saga. Julia Gutiérrez Caba ha seguido con interés la carrera de su sobrina nieta Irene. Más allá del hecho de que se haya decantado por esta profesión, lo que más la emociona es: “Ver el rigor con el que se enfrenta a esta profesión”. Algo tendrá que ver ser parte de una familia que ha conocido desde la infancia “No sólo la parte más luminosa de esta profesión, si no también las dificultades”. Julia quiere seguir aprendiendo: “No me veo con fuerzas para acudir a talleres, pero me encanta que ella me cuente cómo trabajan los directores de ahora, a cuyos montajes acudo únicamente como espectadora”.

irene y julia

Los cómicos, una profesión maldita

Este oficio siempre ha sido más tolerante, más avanzado. Siempre hemos estado malditos, cosa que me divierte, ahora la sociedad ha aceptado cosas que nosotros teníamos asimilado desde hace muchos años. Esa sociedad que nos ha reprochado que éramos ‘gentes de malvivir’, me hace gracia ver cómo han tenido que aceptar cosas que nosotros tenemos asimiladas hace siglos.

Es una palabra cariñosa, los que la utilicen de una forma peyorativa esa palabra, prefiero ignorarlos. Yo me siento orgullosa de pertenecer junto a toda mi familia a una profesión mágica, diferente a otras muchas, no se si mejor o peor. Somos afortunados cuando vivimos momentos buenos. Conocemos lo mejor y lo peor. Estamos acostumbrados a grandes teatros y a teatros de pueblecitos perdidos. Estamos acostumbrados al éxito y al fracaso, a la sala llena y a dos únicas filas de butaca algunos días. Es terrible, pero te lo tienes que plantear, es tu oficio, tienes que hacer tu trabajo igual con 20 o 200 espectadores. Hay que hacerlo bien. Es un oficio mágico, aunque tenga momentos duros.

Malos tiempos para la profesión. Su generación tuvo que luchar mucho por conseguir los derechos de los que otras profesiones ya gozaban. Por eso, la entristece ver la situación actual de sus compañeros: “Las salas alternativas en las que no cobra nadie están bien como aprendizaje, pero este trabajo no se debería hacer toda la vida por amor al arte”. Aún así, valora el ímpetu, el empuje de los creadores que a pesar de todo, siguen nadando a contracorriente.

PERSONAJES

CATALINA BÁRCENA, la noche en que el veneno del teatro se metió en su cuerpo

“Cuando sales y desgastas tu primer zapato en el escenario ya es imposible dejar este oficio”. En Mariquilla Terremoto tuvo su primera oportunidad de subirse a un escenario. Hizo un papel que normalmente hacía la meritoria en la compañía de Catalina Bárcena. Fue tal el miedo que tenía, que fue su madre la que tuvo que decir su frase los primeros días. Desde entonces, con apagón incluido en esa primera vez, la actriz no ha dejado una profesión en la que a pesar de las dificultades sólo puede tildar de “Mágica”. Antes de esa primera vez, sus juegos ya ‘imitaban’ el trabajo de su familia. Su madre las dejaba a ella y a su hermana cosas que no usaba y ya entonces soñaban con ser la princesa del cuento.

JOSÉ LUIS ALONSO, el primer director de su carrera

Cuando hizo 10 negritos José Luis Alonso aún no era el director del María Guerrero. Aún siendo una obra menor, un policiaco, él la enseñó lo que era la figura del director. Lo montó como si fuera una obra de las grandes. Con él conoció a la figura del director, que antes lo era el empresario o el primer actor. Luego ya en A Electra le sienta bien el lutorecuerda con una sonrisa haber compartido escenario junto a Núria Espert y Alfredo Alcón, recientemente fallecido.

MIGUEL MIHURA, un buen amigo

Julia Gutiérrez Caba fue la secundaria de lujo en algunas de las comedias de Miguel Mihura. Ella, como los jóvenes intelectuales de la época, estaba fascinada por el humor de publicaciones como La Codorniz y que los mayores no entendían. Y en ese momento, le llegó su primer papel con Mihura: Sublima decisión. Para ella, lo más importante es que mantuvieron una amistad muy grande: “Me encantaba sentarme con él a hablar sobre este oficio y sobre la vida en general”.

Jaime de Armiñán, la primigenia Televisión Española

Él la permitió trabajar en los primeros programas de TVE. Él escribía guiones de 15 minutos al mediodía en directo en el Paseo de la Habana en un simple piso, nada que ver con los futuros estudios de Prado del Rey: “Eran programas de humor, pero él metía elementos de crítica, muy diferentes…” En esos programas coincidió con muchos actores que provenían del teatro como Bódalo, Rodero, Chus Lampreave o Amparo Baró.

ALBERTO CLOSAS, todo un pionero

“Nunca tuve ningún problema a pesar de la fama de irascible que tenía”. Más allá de esa aureola de mal humor que rodeaba a Closas, Julia Gutiérrez Caba destaca que fue un director pionero. Fue de los primeros que eliminó la figura del apuntador. Además, mucho antes de la famosa Huelga de Actores, concedió a los actores una noche de descanso, primero, y más tarde un día. Con respecto al carácter comenta divertida: “Yo creo que montaba un poco el show para mantener a los actores en su sitio. Yo siempre respeté su espacio de director, por eso nunca tuvo una mala palabra para mí”.

julia y closas

LUIS SAN NARCISO, actor antes que director de casting

En la última etapa de su carrera, Julia ha participado en dos importantes series: Los Serrano y Águila Roja. Dos productos televisivos que la ayudaron a “salir de un bache personal” admite la actriz. El director de casting de ambas series, Luis San Narciso, era un viejo conocido para ella. La primera vez que coincidieron fue en la obra Petra Regalada. Él hizo el personaje de un chico autista tanto en Barcelona como en la gira.

El recuerdo del público, más allá de los aplausos.

Para Julia Gutiérrez Caba ahora que su carrera está llegando a su fin lo más gratificante de esta profesión es la respuesta del público: “Me emociona ver que me siguen parando por la calle para recordarme aquel momento inolvidable en que me vieron haciendo tal o cual obra”. Y con este mensaje optimista sobre esta profesión mágica despedimos a esta actriz que sigue conservando la elegancia que la llevó a pisar los mejores escenarios de España. Si están en Santander hoy, no olviden su cita con esta Dama de la Escena.

Alicia Hermida y Sonsoles Benedicto: "El teatro es pura comunicación"

Gerardo Vera ha reunido en su visión de Maribel y la extraña familia un reparto de primer nivel. Para las entrañables viejecitas que discuten sobre la diferencia entre la calle Horteleza y la Calle Fuencarral el director ha optado por dos sabias de la escena. Alicia Hermida, actriz y maestra de actores desde hace décadas, y Sonsoles Benedicto forman una pareja deliciosa encima de las tablas del Infanta Isabel, ese teatro que acogió tantos estrenos de Mihura. Sobre la modernidad del autor de El caso de la mujer asesinadita y la pasión por el teatro que aún permanece en sus ojos charlamos DESDE MI BUTACA.

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Sorprende que se represente tan poco a un autor tan moderno como Mihura por absurdos condicionantes ideológicos, ¿Qué destacarían de una obra como Maribel y la extraña familia?

Alicia Hermida: Está llena de modernidad, con ese poso de teatro del absurdo que tienen algunos de los personajes. Considero que Maribel y la extraña familia es una de las mejores comedias de Miguel Mihura junto con Sublime decisión.

Sonsoles Benedicto: Sus personajes tienen mucha humanidad y son muy creíbles. Pienso que en todas las familias hay una tía mayor que vive anclada al pasado y no termina de entender un presente al que intenta adaptarse. La historia de amor y amistad es maravillosa. Además de la historia de amor de Maribel y Marcelino, tenemos a unas amigas que lo dejan todo para que a ella no le pase nada. Dudan de esta extraña familia. Ellas siempre están cerca de Maribel con una humanidad y una verdad que te atrapa. Además, la transformación de Maribel y Marcelino es algo con lo que Mihura quiso demostrar que todo lo puede el amor. Es una lección que debemos aprender de la obra.

La Tía Paula y Doña Paula son los personajes más absurdos de la comedia y creo que han trabajado su interpretación fijándose en el buen hacer de los clowns

A.H: Desde luego. Ahora bien, hay clowns y clowns. Se puede hacer con la mínima expresión. Ya lo decía Shakespeare en Hamlet cuando daba esa lección a los cómicos y les decía que no exagerasen. Los actores no debemos trabajar para conseguir la risa del público, sino para hacer bien nuestro trabajo. Hay que ser muy exigente con nuestra interpretación. No debemos forzar la risa ni, mucho menos, reírnos de nuestra propia ‘gracieta’.

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S.B: Los personajes de Mihura son muy ingenuos, pero debíamos tratarlos desde la verdad. Hablan con una naturalidad envidiable, no se dan cuenta de que lo están diciendo es absurdo. Y así todo fluye mucho mejor y la risa surge espontáneamente por su manera de ser, son muy aniñadas. No hay que subrayar nada. Es muy ionesquiano, son personajes muy disparatados, pero dentro de la humanidad y la verdad.

Toda una vida encima de las tablas, ¿Por qué el teatro es para ustedes un buen lugar para contar historias?

A.H: El teatro y el arte en general son comunicación. Hay muchas formas de trabajar. Los actores somos un poco egocéntricos, pero siento que he sido una afortunada por tener compañeros de los que aprender muchas cosas. He tenido la suerte de viajar mucho además. He conocido a actores rusos, cuya escuela no se basa en uno mismo, sino en todo lo que estás haciendo y para quién lo haces. En los países del este valoran mucho el trabajo del otro, trabajan con mucho amor, con mucha entrega. En el Teatro de Arte de Moscú veías a 1000 niños emocionados con El pájaro azul. Tienen una cultura teatral enorme y un público realmente educado. Además, yo recuerdo que los mayores elogios que he recibido en mi vida han sido por parte de las primeras espadas de la escena rusa. Deberíamos aprender a valorarnos un poquito más.

S.B: Para mi el teatro es una necesidad de comunicación y una ilusión continua. A pesar de llevar tantos años en las tablas, conservo la pasión por mi oficio. Cuando recibo un nuevo proyecto lo hago con la ilusión del primer día.