Lo mejor de un año DESDE MI BUTACA (IV): Los montajes del año

No están todos los que son, puede que no sean los mejores montajes para muchos de nuestros lectores, pero estos son los montajes que a criterio de DESDE MI BUTACA han destacado más en este 2013.

lo mejor del año DESDE MI BUTACA

Las heridas del viento  Arizona, el gran momento de Juan Carlos Rubio

De la primera dijimos: “En Las heridas del viento, David se enfrenta a la muerte de su padre en busca de respuestas, ¿Quién fue realmente ese gran desconocido? Y, de repente, encuentra unas cartas que le descubren una realidad que no sabe si está dispuesto a aceptar. “A mi padre por todo lo que no se de él” reza la emotiva y sencilla dedicatoria que Juan Carlos Rubio hace en esta gran carta de amor teatral. Su David, sumido en la perplejidad, no puede entender al hombre que le dedicó una sola caricia, que hoy parecer estremecerle. El texto de Juan Carlos Rubio, aplaudido en medio mundo, está dotado de un lirismo y una poesía, nada cargantes ni excesivos, que sumergen al espectador en el teatro más puro, el que dota a la palabra de emociones, sin ningún tipo de artificio”.

Y de la Arizona mexicana os contamos: “La obra del autor de Humo utiliza el recurso del humor como un dardo envenenado, que en este montaje cuenta con la dirección de Ignacio García. Detrás de la risa se esconde una reflexión, eso que solo consiguen los grandes autores”.

Feelgood nos hizo sentirnos bien a base de sátira política

El texto bebe del Mamet más ácido y corrosivo, del más políticamente incorrecto. Jorge Bosch es un político al que es inevitable encontrar similitudes con el presidente de Noviembrey el guionista que contratan para escribir los discursos recuerda  inevitablemente a la figura  del productor en Cortina de humo”.

Maribel y la extraña familia, qué alegría tener a Mihura de vuelta

“Mihura, divertido. Mihura, ácido. Mihura, intrigante. Mihura, absurdo. Y, sobre todo, Mihura, bondadoso. Nunca se puso por encima de sus personajes, los miró de igual a igual y creyó en el ser humano y en su bondad, ¿Acaso pueden haber dos personajes más buenos e inocentes que esas deliciosas señoras asentadas en la Calle Hortaleza?”

La nieta del dictador y No se elige ser un héroe, un gran año para David Desola

De la primera os dijimos: “La nieta del dictador es un texto necesario para no olvidar y no volver a repetir los errores del pasado. Sobre las tablas de la Kubik Fabrik Inma Cuevas, una actriz de capacidad emocional superlativa. En el tránsito entre la risa y la emoción volvemos a reivindicar a esta actriz como uno de los grandes talentos de nuestra escena. No era fácil encarnar a esta ‘excesiva’ nieta sin resultar precisamente… excesiva. Con el gesto justo y la emoción contenida, Inma Cuevas nos regala generosamente un trocito de su talento interpretativo en este (no) monólogo que explota por los aires con una sobrecogedora última escena”.

En No se elige ser un héroe, que vimos en el ciclo de teatro santanderino de verano Talía, David Desola vuelve a mostrar su pulso dramático en esta historia de una familia que se enfrentan a la venta de la “dignidad” de su padre muerto en un acto heroico. Un texto que solo puede cobrar vida con un reparto lleno de  desgarradora verdad en el que destaca Carmen Ruiz, una actriz llena de hondura, que no deja de sorprendernos trabajo a trabajo y Juanjo Artero como el personaje más atormentado de esta historia.

Hoy: El Diario de Adán y Eva, una vuelta muy esperada

La vuelta a los escenarios de este texto, instalada en el imaginario colectivo de los espectadores por la puesta de Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza, está siendo un gran éxito. Fernando Guillén Cuervo es el Adán ideal, gracias a la dirección del propio Solá, que también saca lo mejor de Ana Milán. No podía faltar en este repaso a 2013 esta historia de amor en las ondas.

Cordón umbilical, sí, también hay dramaturgos jóvenes

“Supone el debut en la dramaturgia, la producción y la dirección de Daniel de Vicente, que también ha conseguido editar su obra bajo el sello de Ediciones Antígona con 22 años. Se ha convertido en todo un hombre orquesta de la escena con este proyecto tan largamente soñado. En escena, una serie de personajes que callan más de lo que dicen. Una pareja con niño a la vista, un veterano matrimonio con algún que otro secreto, una homosexualidad latente en el aire y mucho vino, como ‘cordón umbilical’ de las historias. Con una sobria puesta en escena, como toca en las salas alternativas por motivos obvios, Cordón umbilical es solo una pequeña muestra de un talento emergente”.

Cerda, devotos del Santo Membrillo

Ha abierto la temporada de ese ‘milagro escénico’ llamado La Casa de la Portera. Un espectáculo en lo que uno lo único que puede hacer es… dejarse sorprender. Una comedia transexual místico-musical con aroma psicalíptico, ¿Suena raro de cojones verdad? Pues sí, lo es, pero también es muy divertida. Las carcajadas empiezan a resonar en las paredes de esta portería desde el momento en el que conocemos a las habitantes de este particular universo místico. Y en ese pintoresco microcosmos solo podemos rendirnos al influjo de la palabra en la voz de Inma Cuevas, una monja inductora y practicante que  consigue dar verdad a un texto que en otras manos podría haber resultado, con todos los respetos, bochornoso. Hace creíble lo inverosímil. Eso es una ACTRIZ”.

Menciones de (des)honor

Y los peores montajes del año son Capitalismo, Hazles Reír (Vista en el Price) por ser un espectáculo cuyo único objetivo es la crítica, sin ningún interés artístico aparente y la decepcionante Los Cenci, que no terminó de cuajar ante el público del Español que no reaccionó de una forma muy entusiasta ante esta propuesta. Otra decepción fue la insulsa Una más y nos vamos, rebautizada como El gran favor en Madrid, menos mal que al menos José Luis Gil le dio algo de dignidad al montaje con sus siempre buenos trabajos interpretativos. Cierra estas menciones la aún inédita en Madrid Una vida robada, un texto que con el tema de los niños robadas traza una intriga ‘de cartón-piedra’ llena de oscuros, lo que ralentiza la acción de forma considerable. Si hay algo positivo en el montaje es únicamente el trabajo de Carlos Álvarez Novoa, impecable, tiene mérito dar verdad a semejante montaje.

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Alicia Hermida y Sonsoles Benedicto: "El teatro es pura comunicación"

Gerardo Vera ha reunido en su visión de Maribel y la extraña familia un reparto de primer nivel. Para las entrañables viejecitas que discuten sobre la diferencia entre la calle Horteleza y la Calle Fuencarral el director ha optado por dos sabias de la escena. Alicia Hermida, actriz y maestra de actores desde hace décadas, y Sonsoles Benedicto forman una pareja deliciosa encima de las tablas del Infanta Isabel, ese teatro que acogió tantos estrenos de Mihura. Sobre la modernidad del autor de El caso de la mujer asesinadita y la pasión por el teatro que aún permanece en sus ojos charlamos DESDE MI BUTACA.

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Sorprende que se represente tan poco a un autor tan moderno como Mihura por absurdos condicionantes ideológicos, ¿Qué destacarían de una obra como Maribel y la extraña familia?

Alicia Hermida: Está llena de modernidad, con ese poso de teatro del absurdo que tienen algunos de los personajes. Considero que Maribel y la extraña familia es una de las mejores comedias de Miguel Mihura junto con Sublime decisión.

Sonsoles Benedicto: Sus personajes tienen mucha humanidad y son muy creíbles. Pienso que en todas las familias hay una tía mayor que vive anclada al pasado y no termina de entender un presente al que intenta adaptarse. La historia de amor y amistad es maravillosa. Además de la historia de amor de Maribel y Marcelino, tenemos a unas amigas que lo dejan todo para que a ella no le pase nada. Dudan de esta extraña familia. Ellas siempre están cerca de Maribel con una humanidad y una verdad que te atrapa. Además, la transformación de Maribel y Marcelino es algo con lo que Mihura quiso demostrar que todo lo puede el amor. Es una lección que debemos aprender de la obra.

La Tía Paula y Doña Paula son los personajes más absurdos de la comedia y creo que han trabajado su interpretación fijándose en el buen hacer de los clowns

A.H: Desde luego. Ahora bien, hay clowns y clowns. Se puede hacer con la mínima expresión. Ya lo decía Shakespeare en Hamlet cuando daba esa lección a los cómicos y les decía que no exagerasen. Los actores no debemos trabajar para conseguir la risa del público, sino para hacer bien nuestro trabajo. Hay que ser muy exigente con nuestra interpretación. No debemos forzar la risa ni, mucho menos, reírnos de nuestra propia ‘gracieta’.

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S.B: Los personajes de Mihura son muy ingenuos, pero debíamos tratarlos desde la verdad. Hablan con una naturalidad envidiable, no se dan cuenta de que lo están diciendo es absurdo. Y así todo fluye mucho mejor y la risa surge espontáneamente por su manera de ser, son muy aniñadas. No hay que subrayar nada. Es muy ionesquiano, son personajes muy disparatados, pero dentro de la humanidad y la verdad.

Toda una vida encima de las tablas, ¿Por qué el teatro es para ustedes un buen lugar para contar historias?

A.H: El teatro y el arte en general son comunicación. Hay muchas formas de trabajar. Los actores somos un poco egocéntricos, pero siento que he sido una afortunada por tener compañeros de los que aprender muchas cosas. He tenido la suerte de viajar mucho además. He conocido a actores rusos, cuya escuela no se basa en uno mismo, sino en todo lo que estás haciendo y para quién lo haces. En los países del este valoran mucho el trabajo del otro, trabajan con mucho amor, con mucha entrega. En el Teatro de Arte de Moscú veías a 1000 niños emocionados con El pájaro azul. Tienen una cultura teatral enorme y un público realmente educado. Además, yo recuerdo que los mayores elogios que he recibido en mi vida han sido por parte de las primeras espadas de la escena rusa. Deberíamos aprender a valorarnos un poquito más.

S.B: Para mi el teatro es una necesidad de comunicación y una ilusión continua. A pesar de llevar tantos años en las tablas, conservo la pasión por mi oficio. Cuando recibo un nuevo proyecto lo hago con la ilusión del primer día.  

Maribel o ensayo sobre la bondad humana

Anoche se estrenó en el Infanta Beatriz con decorados de Burmann y el ambiente escénico cuidado con exquisito gusto, “Maribel y la extraña familia”, de Miguel Mihura. El público interrumpió con sus risas y aplausos el curso de la representación.

Corría el año 1959 cuando se estrenó la comedia por excelencia de Mihura. 54 años después y en esta ocasión en el Infanta Isabel, el teatro en el que más comedias estrenó el autor, la reacción del público fue idéntica que aquella noche del 29 de septiembre de 1959 en la que estuvo presente como espectadora Alicia Hermida, una de las actrices de la nueva puesta en escena. Demasiados años después de la última puesta en escena profesional de esta comedia- la versión musical de Ángel Fernández Montesinos fue la última vez si no recuerdo mal que se puso en escena- ha llegado a Madrid con el objetivo claro de sorprender a las nuevas generaciones. Y es que, aunque a los más veteranos les parezca que siempre se está representando a Mihura, mucha gente joven- entre la que me incluyo- nunca habíamos visto una puesta en escena profesional de este autor.

¿Se puede actualizar un Mihura o está tan apegado al ADN español que es imposible “peinar” el texto? Opto y creo que Gerardo Vera, artífice del proyecto, también se decidió por la segunda opción. Se ha tildado demasiado por cierta parte del artisteo patrio de “rancio” el teatro de Mihura, craso error sin ninguna duda.

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La tía Paula vive encerrada en su piso de la calle Hortaleza desde hace cincuenta años, alquila visitas a 50 pesetas para sentirse un poquito menos sola. Se ha quedado anclada en el pasado, pero ella quiera ser una mujer moderna y escucha a Katia Morlands y su Loca por el hot, tema que es introducido en la puesta en escena por uno de los números musicales que incluye la puesta en escena de Vera. Ha sido su hermana, Doña Matilde, la que le ha comprado el disco en la Calle Fuencarral, nada menos. Y de repente, surge el absurdo. Y la tía Paula y Doña Matilde se convierten en una especie de trasuntos de Vladimir y Estragón en una conversación cotidiana en la que discuten la diferencia entre la Calle Hortaleza y Fuencarral. Desde el momento en que entra en escena Alicia Hermida se lleva al público de calle. Para ella fueron los primeros aplausos y risas de la noche en ese bailecito que se marca a ritmo de Loca por el hot. Su Tía Paula es entrañable, divertida y, sobre todo, dotada de una naturalidad superlativa. La clave de los grandes trabajos interpretativos está en saber “decir” el texto sin remarcar, en este caso, el absurdo cómico de lo que se está diciendo en escena. Y la acompaña otra sabia de la escena, Sonsoles Benedicto, que por supuesto dota a su Doña Matilde de una frescura y naturalidad de la que solo son capaces aquellas actrices de raza, curtidas en las tablas de decenas de teatros de toda España. Son representantes de una generación de “cómicos” de los que cada vez nos quedan menos representantes. Y de la cotidianidad surge la risa y, de qué forma. Y la intriga, que tanto gustaba a Mihura, se introduce con un simple apunte: “¿Sabrá nadar?” se pregunta Doña Paula. Y entonces entra en escena Marcelino, un chico apocado y enamorado locamente de Maribel, una chica “de alterne” cuyo origen, estoy seguro, conoce perfectamente. Mihura que, dentro de ese caparazón de hombre huraño que se había formado, era un romántico empedernido. Maribel se ve abrumada por esa locura. No entra en sus cabales que alguien pueda enamorarse tan locamente de ella. No cree en ella misma, pero Mihura demuestra que el cambio es posible. Y entonces, se monta su propia película, su propia historia vital a contar a la Tía Paula y Doña Matilde. Ella era costurera, ¿Por qué no? Y sus amigas, todas muy muy formales y muy modernas… El autor dotó a las tres chicas de alterne de una ternura entrañable. Y entre ellas destaco el trabajo de Chiqui Fernández, una superdotada para la comedia, cuya carrera televisiva he seguido con fervor desde los tiempos de Un Paso Adelante. Y como en el 59 el público aplaudió en reiteradas ocasiones, una de las más sonadas fue la ovación que recibió Hermida con su “Cótel Manhattan”.  Y no, no voy a dejar de hablar de los dos protagonistas. Para ellos son las últimas palabras de esta crítica. Markos Marín y Lucía Quintana nos van preparando a lo largo de la función para su duelo interpretativo final. En los últimos minutos, vemos la verdad que se esconde en estos dos actores de sobrado talento. Y entonces surge la emoción en su interpretación y quedamos prendados de su Marcelino y Maribel, tan reales que nos llegan a emocionar con sendos monólogos.

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Mihura, divertido. Mihura, ácido. Mihura, intrigante. Mihura, absurdo. Y, sobre todo, Mihura, bondadoso. Nunca se puso por encima de sus personajes, los miró de igual a igual y creyó en el ser humano y en su bondad, ¿Acaso pueden haber dos personajes más buenos e inocentes que esas deliciosas señoras asentadas en la Calle Hortaleza? Espero sinceramente que se pueda ver otro título de Mihura pronto en la cartelera madrileña y no tanto vodevil “casposo” y, esos sí que tienen caspa de verdad y huelen a naftalina. Apostemos un poco más “comercialmente” por nuestros autores. Quiero ver Mihuras, Jardieles, pero también obras de Juan Carlos Rubio, Paco Bezerra, Alfredo Sanzol, Miguel del Arco y, ¿Por qué no?, de jóvenes talentos como Daniel de Vicente.

Entrevista a Lucía Quintana: "El escenario es el mejor lugar para reflexionar en comunidad"

La hija del director de la compañía mira como descargan los camiones con la escenografía en un nuevo bolo. Al día siguiente, se levanta el telón y entre cajas nace en ella el veneno del teatro. Varias décadas después, esa niña que durmió en los camerinos de muchos teatros de provincias, se ha convertido en una de las actrices más activas de la escena. Sus trabajos con Alfredo Sanzol la pusieron en el punto de mira de crítica y público. Tras pasar por la experimental El café en La Abadía, se enfrenta ahora al personaje más reconocible de la escritura dramática de Miguel Mihura. Esta Maribel y la extraña familia se podrá ver desde hoy mismo en el Teatro Infanta Isabel, un teatro en el que el propio autor de Tres sombreros de copa estrenó algunos de sus mayores éxitos.

Todo un clásico de Mihura y después de muchos años sin ninguna puesta en escena profesional de Maribel y la extraña familia

Tengo emoción por ser parte de este acontecimiento. Es un regalo maravilloso que me ha hecho Gerardo, es una comedia redonda. Si se hace en el teatro aficionado es por tener unos personajes muy golosos, todos son muy buenos. Creo que es uno de los mejores personajes del teatro español. Hemos querido contar muy bien la historia. El humor de Mihura es muy característico, original, único, ha cogido una hondura tal que llegamos a decir “Esto parece una situación de Miguel Mihura”. Es una responsabilidad enfrentarse a este autor, él nunca se pone por encima de sus personajes, los mira de igual a igual con una ternura maravillosa dentro de su acidez característica.

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Vienes de hacer la experimental El café en La Abadía, ¿Ha sido un gran contraste verdad?

El café era un escupitajo al espectador. Los actores tenemos que ser todoterrenos, el texto era más un pretexto, era más una búsqueda de dirección para intentar contar una historia y provocar una reacción en el espectador. Tiene que haber de todo. A muchos les interesó, pero generó también muchos odios. Espero que con Maribel se llegue a mucho más público. En el teatro “convencional” no se suelen expresar los odios, pero en otro tipo de propuestas parece que sí. Una señora que vino a ver El café quería llamar a la policía argumentando que era intolerable en La Abadía un montaje así. Son dos maneras diferentes de contar historias…

¿Es el verano una época propicia para un gran estreno teatral como Maribel y la extraña familia?

No creo que la gente esté para muchos viajes. También me asusté cuando pensaron en el verano, viene mucha gente a Madrid. Es bueno que Madrid no cierre sus teatros en Madrid. De todas formas, es una comedia muy “fresca”, conecta muy bien con esta época.

Mihura era el rey de la “sonrisa inteligente”. Resulta importante no forzar la risa para que el mecanismo de sus comedias funcione a la perfección…

Gerardo ha buscado la verdad de la historia. Hay momentos muy extremos que requieren trabajar de una forma que no suene forzado. Hay mucha evolución en los personajes. No se puede ir a hacer el chiste fácil, tiene que surgir de la vivencia, de lo que se está viendo en escena. La espontaneidad es muy importante en este trabajo, perdería la chispa si se subrayase el humor de la obra.

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Este proyecto es el pistoletazo de salida a una nueva productora, Grey Garden, ¿Sientes que de alguna forma se ha creado una sinergia especial en la compañía al ser parte de algo nuevo?

Gerardo Vera ha sido el capitán ideal de este barco. En los ensayos ha transmitido un entusiasmo muy apegado a la gestación de este nuevo proyecto. Había trabajado con algunos actores y eso hizo que el trabajo fluyese de una forma muy especial. En efecto, hemos sido como una gran familia teatral. Es importante que una empresa teatral comercial apueste por un proyecto así. Es bueno que esté Gerardo detrás. Tenemos un equipo que ha trabajado en los mejores teatros, está dando calidad a la propuesta. Lo comercial no tiene que ser necesariamente malo. Apostamos por un teatro popular de calidad. Si a la gente le das calidad, le encanta. Si no cuidas a los guionistas y a los actores y no cuidas la factura, la gente exige menos. La exigencia tiene que partir de los propios artistas. Si apostamos por la calidad, el público lo demandará en el futuro calidad. 

Y en esa compañía de cómicos se esconden dos veteranas de la escena como Alicia Hermida y Sonsoles Benedicto, ¿Cómo es compartir escenas con ellas?

Son dos ejemplos de humildad, de sencillez. Nunca notas ni un ápice de superioridad. El otro día cuando pasamos el final, me emocionó mucho la mirada de Alicia y lo hizo con la mayor naturalidad. En El Rey Lear con Alfredo Alcón me pasó lo mismo. Estos actores “están” contigo en el escenario. Anteponen todo para ser parte activa de la función.

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Otro nombre imprescindible en tu trayectoria es Alfredo Sanzol…

Es un gran espectador de teatro. Le gusta mucho el trabajo con los actores. Él dice que uno de los mayores espectáculos del mundo es ver a un actor sobre el escenario. Tiene un compromiso muy fuerte con sus historias. Es un autor que, como Mihura, tiene un humor muy característico y nunca se pone por encima de sus personajes. Le da mucho valor y originalidad a su trabajo y eso hace que sea tan especial ser parte de sus espectáculos. 

Eres una actriz eminentemente teatral y eso se nota en trabajos como El Café o los montajes de Sanzol, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para ti para contar historias?

He crecido en un teatro. Mi padre es Juan Antonio Quintana, actor y director, y mi madre era la escenógrafa de la compañía. He dormido en camerinos y he visto cómo cargaban los camiones a las cinco de la mañana. Para mi el escenario es el mejor lugar para reflexionar en comunidad e inventarnos entre todos un mundo mejor. Se pueden descubrir cosas y responder a preguntas que todos nos hacemos. Cada función en el teatro es diferente. Conseguir que el público salga diferente después de la representación es lo mejor que le puede ocurrir a un actor.

En mitad de toda esta desazón en el mundo de las artes escénicas, ¿Has pensado en tirar la toalla?

En absoluto. Se están poniendo muchas trabas con el iva y las licencias que han cerrado salas como Garaje Lumiére y casi lo consiguen también con la Kubick. Puso un amigo en el Facebook que si se pensaban que nos iban a callar, iban listos. Si hace falta nos subiremos a los carromatos. La gente va a querer seguir escuchándonos. Nosotros podemos hacer teatro en cualquier sitio, pero un país como éste debe valorar más su cultura. Parece que esto no lo quieren tolerar. Espero que encontremos la forma de cambiar las cosas como hace Maribel en la obra.

El gran problema del teatro es que no existe una afición de la gente joven por el teatro…

Es un problema educativo, no se ha fomentado la afición por el teatro general. No hay solo teatro clásico, es algo mucho más amplio. Hay que hacer hincapié desde pequeños en la importancia del teatro. El boca a boca es lo que nos queda. Espero que las señoras mayores que vengan a vernos animen a sus nietos a venir a verla. Va a ser esencial también la labor que hacéis blogs como DESDE MI BUTACA para comunicar nuestro trabajo. Y, por supuesto, las redes sociales, que en teoría facilitan mucho las cosas. Es importante que se conozco la profesión de actor, que está demasiado despreciada en España. Debemos partir de una cultura de base.